Todo se percibe,
más borroso o más nítido,
pero ahí está,
suspendido en el aire,
y de alguna forma lo notamos.
Cómo se siente él, cómo me siento yo,
el juicio que nos habita,
las pasiones que nos envuelven.
A veces, muchas veces,
no somos espectadores.
Somos personajes, y vemos a los demás también como personajes.
Quedamos atrapados en la capa de la ficción,
cada uno concentrado en su propio libreto.
Es ahí cuando cuesta la conciencia,
la conciencia de los dolores y vivencias
que nos atraviesan y condicionan.
Todo está ahí, dando vueltas, interactuando, afectándonos.
Si pudiéramos levantar la mirada,
para ponernos al costado de nosotros mismos,
si pudiéramos ser capaces de salir de la escena,
de observar desde el amor,
tanto a los demás como a nosotros mismos,
todo cobraría otro sentido,
y sería mucho más fácil respirar aires de paz.
Deja una respuesta