¿Por qué cuando intentamos resolver un ejercicio de lógica o matemática y luego lo revisamos para corregirlo nos cuesta encontrar la falla? Darnos cuenta de que cometimos un error es muy difícil porque la lógica utilizada en la corrección del ejercicio, es la misma lógica utilizada en la resolución del mismo. Aquí es donde alguien más, con otro tipo de conocimiento, puede detectar y explicar cuál es la falla, ayudándonos a aprender y expandir nuestra frontera de conocimiento.
Llevando esta misma idea al ámbito de las creencias, donde no hay matemática que valga, a veces tratamos de validar nuestros pensamientos apoyándonos en personas que piensan igual que nosotros, y que tampoco le ven “fallas” a nuestra lógica. Así, reforzamos las creencias ya instaladas en nuestro cerebro, lo que equivale a seguir navegando en círculos por los mismos mares.
Si en cambio, flexibilizamos nuestras barreras mentales para escuchar otras opiniones, permitiendo que otros nos muestren otros puntos de vista, equivale a dejar que “corrijan nuestro ejercicio”. Entonces, al observar miradas diferentes a la nuestra, será más fácil reconstruirnos, cuestionar nuestros esquemas y revisar nuestras creencias para flexibilizar y expandir nuestras fronteras.
Yendo a un nivel más profundo… cuando la mente nos dice que «no hay fallas en nuestra lógica», podemos empezar a buscar en otros lugares: preguntar a nuestro corazón, preguntar a nuestra alma, observar nuestra energía. ¿Cómo nos hace sentir tener esta creencia? ¿Qué efectos tiene sobre mi cuerpo, sobre mi ánimo? ¿Cuánta energía estoy gastando en tratar de cambiar algo por mi “convicción”, en tratar de “defender mi ejercicio”? ¿Si apago un ratito mi mente que constantemente lo defiende, para escuchar más adentro mío? ¿Desde dónde estoy poniendo la energía, desde qué herida?
A veces se trata de soltar para crecer… para sanar y recibir lo nuevo.

Deja una respuesta